20/11/06
Diario Hispano Peruano
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La creación de la APCI (abril del 2002) partió del diagnóstico del mal manejo de la ayuda externa por parte del Estado peruano: ausencia de una estrategia coherente de cooperación internacional (CI), falta de capacidad en el diseño y ejecución de proyectos, sumadas al uso político-electoral de los recursos y la nula transparencia durante el fujimorismo. ¿Esto ha cambiado?
Tenemos proyectos acordados en la Mesa de Donantes de Madrid que no pueden ejecutarse (¿los perderemos?): Proyecto de Modernización y Reforma del Estado (PCM-CND-US$45 millones BID), Proyecto de Fortalecimiento Institucional e Infraestructura Municipal (US$30 millones, KFW Alemania), Proyecto APROLAB- formación de jóvenes en carreras técnicas (30 millones de euros, Unión Europea). En el 2004, de los US$74 millones comprometidos por países y organizaciones internacionales para 53 proyectos ejecutados por el Estado (gobierno central, regional y local), sólo se utilizaron US$16.2 millones.
La débil capacidad de gestión de proyectos por parte del Estado, en todo el mundo, ha motivado a las entidades cooperantes a licitar por norma la ejecución entre consultoras y ONG (nadie duda de que deben registrarse y ser fiscalizadas; si sus miembros cometen delitos, que se los juzgue según el Código Penal).
El Perú compite por recursos de CI, pero es un país de “ingresos medios” (a pesar de sus contrastes) y –por lo tanto– no es prioridad; por eso se fue la cooperación británica. Se privilegia la ayuda a los países más pobres de la región (Bolivia, Honduras, Nicaragua, Haití) y del mundo (Africa Subsahariana) o a zonas de conflicto (Iraq, Afganistán). Un modelo estatista y burocratizado de gestión de CI sin duda ahuyentará la ayuda externa.
¿Cómo puede la APCI –que no maneja estándares de eficiencia– tener legitimidad para “dirigir la cooperación según el Plan de Desarrollo” (¡que no existe!)? ¿La APCI determinando el cómo, cuándo, dónde y quién invierte la CI?¿La APCI define el “interés social” o las “buenas costumbres”?¿Alan?
Esto va más allá de un pleito de comadres entre la “izquierda caviar” y la “derecha huevera” (tragicómico, ciertos personajes han mostrado mayor evolución mental y apego a principios que otros) o el control frenético de las ONG. En medio de este peligroso re-entre autoritario, ¿quién manejará el óbolo voluntario de las mineras?
Miguel E. Santillana (Perú)
Economista, analista.